Los alumnos tutorados lo último que necesitan es a un docente tutor que entienda que su papel es el de estar en un pedestal desde el cual mirar lo que sucede. Evidentemente cada uno tiene su rol en el centro escolar, nadie puede negarlo, pero eso no significa que los docentes debamos ser perfectos.
Esto, está íntimamente ligado a la motivación. Una persona siempre se va a motivar más con alguien que, aunque siga manteniendo un nivel de exigencia alto, es capaz de ver que existen espacios de tiempo en los que poder ser imperfecto y cercano.
Tus #Gremlins te graban en #Carnavales sin que te des cuenta, te pasan el vídeo meses después y te vienes arriba todo emocionado. pic.twitter.com/AJunkQl72H— Jagoba Alvarez Ereño (@Jagospierre) 7 de abril de 2017
No se trata de ser un mono de feria. Se trata de ser alguien cercano, uno más del grupo. No de ser uno más en cuanto al rol, pero sí uno más en cuanto persona. Y eso pasa por comenzar a cambiar el lenguaje hacia ellos. Un tutor no puede esperar que le vean como uno más si no se incluye al hablar de su aula. Es decir, sustituir la segunda persona del plural (vosotros) por la primera persona del plural (nosotros). Esto es fundamental.
Hay cierta tendencia errónea en creer que lo que se gana en confianza con ellos, haciendo esto, se pierde en autoridad sobre ellos. Es incorrecto, pues la autoridad nunca se va a establecer a través de la rigidez y menos de la lejanía. En esos casos lo único que existe es temor. En el lado opuesto a esta posición, tenemos su antítesis: la tendencia a creer que, si regalas constantemente el oído, los alumnos se acercarán más a ti y les parecerás mejor.
4º y 3ºESO esperan la #Korrika20 frente a la cancha de basket, yo vigilando...aburrimiento+adolescentes+profesor chorra...pasa lo que pasa. pic.twitter.com/ooji6oLpBZ— Jagoba Alvarez Ereño (@Jagospierre) 11 de abril de 2017
Tanto una como otra posición son, a mí entender, perjudiciales. Tal y como expuse en la anterior entrada, se trata de lograr un hibrido. Ni un docente puede pretender caer bien a todos sus alumnos (esto es como la vida, nadie cae bien a todo el mundo) ni tampoco puede pretender mantenerse a distancia de ellos (ya sólo por una cuestión de número de horas de convivencia diaria).
Lo decía antes: tiene que ser capaz de «ver que existen espacios de tiempo en los que poder ser imperfecto y cercano». Esto es lo que necesitamos los tutores.
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